"Me dió un infarto en la cabina del camión y la Seguridad Social y la mutua no quiere saber nada". Opinión

Imagen de los primeros síntomas de infarto
Imagen de los primeros síntomas de infarto
Este es el drama personal y familiar que está viviendo un transportista autónomo implicado siempre con la profesión, al que le dió un infarto en la cabina del camión
"Me dió un infarto en la cabina del camión y la Seguridad Social y la mutua no quiere saber nada". Opinión

Esta mañana Enrike Hidalgo López, transportista autónomo, amigo desde hace muchos años y mejor persona, siempre dispuesto ante cualquier llamada de la redacción de Diario de Transporte para responder a cualquier cuestión, tanto de transporte de mercancías por carretera, como personal. Navarro auténtico de piés a cabeza, y no es una persona baja precisamente, me llama y la conversación me deja muy, muy cabreado con la Seguridad Social y con el proceder de las mutuas de accidentes.

Pero antes de seguir, vuelvo al principio de toda este drama personal y familiar de un transportista profesional, implicado en toda la extensión de la palabra, tanto en su trabajo diario, como en su amplia y generosa solidaridad, tanto con los mismos autónomos del transporte como con los conductores profesionales.

El pasado lunes 12 de febrero a las cuatro de la tarde, me llama Alfons Nuria por teléfono y me dice que a Enrike le ha dado un infarto mientras descansaba en la cabina, porque hay que señalar que hace una ruta nocturna diaria con paquetería desde Pamplona a Barcelona desde hace años- Le pregunto por su estado, me tranquiliza, ya está en el hospital de Bellvitge y le han estabilizado. Me dice que si tengo el número de teléfono de su esposa Bakar para avisarla, busco en la agenda y no lo tengo, inmediatamente llamo a Joseba Molina, otro amigo, le digo lo que pasa, me tranquiliza y busca y mueve todo lo que haga falta, hasta conseguir el teléfono. 

Pero mientras todo esto está pasando, Enrike, desde la cabina entre el alarmante dolor insoportable y el miedo al ver lo que le pasa, -sé lo que se siente muy bien en esos momentos-, había llamado a Alfons y activaron inmediatamente el protocolo H.Essers España. A los pocos minutos ya había personal sanitario altamente cualificado en la cabina del camión, en apenas 7 minutos, que imagino se le harían eternos, llegó la ambulancia y un helicóptero para trasladar inmediatamente a Enrike al Hospital de Bellvitge.

Me consta, porque seguimos los amigos su estado de salud con informacion lo más directa posible, que en ese hospital, como grandes profesionales que son, le atendieron de maravilla y con mucha amabilidad. Me pide que publique que los cardiólogos y el personal sanitario se preocuparon por él en todo momento, le atendieron de "forma espectacular", animándole y ayudándole en todo, tanto a Enrike como a su esposa, que se trasladó a Barcelona en cuanto pudo, durante los cinco días que estuvo hospitalizado.

El viernes 16 de febrero le dieron el alta hospitalaria y con Bakar vuelve a su domicilio, en su casa en un pueblo en la montaña de Navarra, donde la habían advertido lo médicos y amigos que tenía que descansar y olvidarse del camión, que quedó en el muelle de carga, perfectamente vigilado. Porque a partir de ese momento tiene que pensar en su salud exclusivamente durante el tiempo necesario.

Pero ahora es cuando comienza la pesadilla y el drama de verdad para Enrike Hidalgo López y su familia, con la Seguridad Social y la mutua de accidentes de la compañía de seguros del banco con el que trabaja, que tiene contratada desde hace años.

"No me reconocen el infarto en la cabina del camión como accidente de trabajo -me dice hoy- ni la mutua ni la Seguridad Social. Desde que llegué a casa, el médico de cabecera, al que he ido en dos ocasiones, ni me ha tomado la tensión, ni entregándole los papeles que me dieron en Barcelona. El seguro de baja y accidentes que tengo con la póliza en vigor, me dice que no me pagan, a pesar de haber pagado durante todos estos años porque creía que tenía derecho a un dinero por cada día de baja, Es mucho dinero, incluso me dicen que me van a dar de baja de la mutua cuando me venza la póliza en mayo". 

"Incluso no sé si me reclamarán también los gastos de helicóptero y ambulancia del 112 de emergencias -prosigue abrumado-. "Es muy triste y lamentable que por ser autónomo todas las entidades, desde la Seguridad Social hasta la mutua, quieran escurrir el bulto y no darse por enterados, ignorándome como si fuera un animal que enfermó en la cabina, cuando debería ser todo lo contrario, porque para eso he estado cotizando a la Seguridad Social por mi y mi familia todos estos años, pagando religiosamente el seguro de accidentes del banco. Ahora lo tengo todo en manos de mi abogado y también de los servicios jurídicos del sindicato Hiru al que pertenezco. Tengo muy claro que voy a ir a por todas. Se muy bien que no puedes publicar nombres de mutuas ni de bancos porque está denunciado todo, pero en cuanto los abogados me lo permitan lo diré, para que no le vuelva a pasar a nadie más".

Todo lo anterior, es una triste muestra de la realidad a la que se enfrentan cada dia, no solo los transportistas autónomos, también muchos conductores profesionales, reconocidos solo cuando a los gobernantes les interesa. Demonizados y abandonados cuando tienen que tratarles dignamente como se merece cualquier persona en un país que se supone moderno y civilizado. Ajenos a la realidad diaria de muchas personas, con instituciones públicas y empresas privadas, que solo miran cuando se cumple con la ley, pero, como en este caso, parece que la vida de las personas a veces no vale nada. Evidentemente seguiremos informando de este caso.

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