Miguel Angel Estévez García.- La situación actual del sector del transporte revela un manejo astuto y manipulador por parte de la patronal, que lleva años cultivando una estrategia destinada a desunir a los distintos actores de la industria.
Con engaños y falacias sobre la verdadera naturaleza de la profesión de los conductores, se ha tejido una narrativa que, además de desvirtuar la realidad, busca generar desconfianza entre conductores, transportistas y trabajadores agrarios.
La reciente acusación de que las movilizaciones del sector agrario y ganadero son responsables de la escasez de conductores es una movida desesperada, un intento de desviar la atención y dividir fuerzas.
Es innegable que la patronal está utilizando esta táctica con un objetivo claro: evitar la unión entre conductores, transportistas y productores agrícolas. Al fomentar el enfrentamiento en lugar del entendimiento, se busca debilitar el poder de negociación de ambos sectores, manteniéndolos en una posición de vulnerabilidad y subordinación.
Lo que subyace a esta estrategia es un deseo palpable de dominar y esclavizar a los conductores, perpetuando una situación de precariedad laboral que beneficia exclusivamente a la élite empresarial.
Las movilizaciones agrarias en países como España y Francia, en lugar de ser vistas como un problema, deben interpretarse como un grito de auxilio ante un sistema que se alimenta de la fragmentación y del desencanto.
Es fundamental que los trabajadores del transporte y del sector agrario reconozcan que sus luchas son interdependientes. Solo a través de la solidaridad y la cooperación podrán desafiar los abusos de una patronal que se empeña en mantener su control táctico mediantes divisorias.
En este contexto, la crítica hacia la manipulación de la información y la búsqueda de la unión entre sectores se vuelve más urgente que nunca.





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