John Manners-Bel.– Resulta irónico que las decisiones políticas que se toman con la intención de proteger o apoyar a los trabajadores a menudo tengan el efecto contrario. En toda Europa (y en la mayor parte del mundo), en las últimas décadas se han visto mayores niveles de regulación de recursos humanos, aumentos del salario mínimo, vacaciones legales más largas, contribuciones obligatorias de los empleadores a las pensiones y mayores derechos laborales.
Esto inevitablemente ha tenido un gran impacto en la industria logística, que emplea a millones de trabajadores en los sectores del transporte por carretera, el almacenamiento, el transporte marítimo, la carga aérea y el transporte ferroviario de mercancías. Además, la pandemia de la COVID-19 ha reforzado la sensación en muchos sectores de la industria de que los trabajadores, en lugar de ser un activo importante, podrían ser un lastre significativo, aunque, por supuesto, ningún directivo empresarial lo admitiría.
Hasta hace poco, los proveedores de logística no tenían otra opción que absorber estos costes o repercutirlos en los consumidores. Esto ya no es así, algo que los administradores deben tener presente. El desarrollo de la automatización, la robótica y la IA ha propiciado la introducción de cierto tipo de «elasticidad» en el mercado. En lugar de absorber los crecientes costes laborales, los gerentes pueden tomar decisiones de inversión que mantengan o aumenten la productividad, a la vez que reducen la plantilla.
El aumento de la masa salarial y los riesgos de emplear grandes plantillas han reequilibrado las decisiones empresariales a favor de la inversión tecnológica en lugar de depender de mano de obra barata. Este ha sido el caso en los mercados de altos costes durante algún tiempo, en particular en Alemania, donde los fabricantes han estado a la vanguardia de la inversión en automatización, en parte como respuesta al coste de contratar trabajadores.
Incluso en China, el aumento de los salarios ha impulsado a los fabricantes a invertir en tecnología como la impresión 3D para mantener su ventaja competitiva. Sin embargo, la proliferación y la caída de los costes de innovaciones como la robótica han significado que otros rezagados del mercado (como el Reino Unido) ahora tienen la oportunidad de ponerse al día. Confiar en un mercado laboral flexible y de bajo coste para ocultar la falta de inversión en procesos avanzados de fabricación y logística ya no es una opción. Que aprovechen o no estas oportunidades es otra cuestión.
Es más, estas políticas no solo acelerarán la adopción de nuevas tecnologías que destruyen mano de obra, sino que también favorecerán a las grandes empresas con los recursos económicos y la experiencia necesarios para realizar inversiones a gran escala en automatización. Las pymes volverán a verse en desventaja.
Mientras que en el pasado los costes de la burocracia laboral recaían desproporcionadamente sobre ellas, ahora se encontrarán en el lado equivocado de la brecha digital. Es decir, hasta que los costes de la automatización sean tan bajos que la tecnología se democratice, momento en el que (si aún existen) podrán volver a competir eficazmente con los líderes del mercado.
Sin embargo, la gran cuestión pendiente es si la adopción de estas nuevas tecnologías generará empleos adicionales. La respuesta habitual de muchos en la industria es que habrá una demanda de funciones de mayor valor añadido para construir y mantener robots. Sin embargo, existe una gran probabilidad de que la fabricación de equipos automatizados de manipulación de materiales se lleve a cabo en mercados remotos y de menor coste, como China.
Además, el número de ingenieros necesarios para reparar los robots será relativamente bajo. Si, por ejemplo, en la próxima década vemos vehículos de transporte de mercancías automatizados en las carreteras (empezando por los vehículos comerciales ligeros), el valor generado por la reducción de costes no generará la necesidad de más vehículos con conductor, sino de más vehículos automatizados.
Se podría argumentar que los conductores desempleados se convierten en mecánicos, pero esto requeriría formación. Además, los vehículos son cada vez menos complejos (especialmente los vehículos eléctricos) y menos piezas móviles necesitarán menos reparaciones, sobre todo teniendo en cuenta que el IoT ya está dando lugar al mantenimiento predictivo.
El impacto de la adopción de nuevas tecnologías no solo se sentirá en las funciones manuales (como el almacenamiento). La IA ya está reemplazando puestos de trabajo que requieren un gran análisis de datos en el transporte de mercancías, por ejemplo. Esto impedirá el acceso al sector a muchos jóvenes que terminan la escuela.
Quizás los líderes del mercado industrial deberían estar agradecidos por las políticas gubernamentales que, al dificultar la contratación de personal, obligan a las empresas a migrar a nuevos modelos de baja intensidad laboral. Esto significará que las principales empresas no solo podrán aprovechar su experiencia tecnológica, sino también su acceso a capital (barato), una ventaja competitiva adicional. Esto aumentará su productividad y reducirá el riesgo de emplear una gran cantidad de mano de obra, tanto en caso de pandemias como de huelgas.
Sin embargo, al mismo tiempo, el impacto sobre los empleos y las pequeñas empresas será profundo y los gobiernos de todo el mundo necesitarán un enfoque más inteligente en materia de leyes laborales y de impuestos, a medida que el mercado supera eficazmente a las políticas laborales punitivas y mal pensadas.



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