
La obligatoriedad de la baliza V-16 conectada a partir del 1 de enero de 2026 representa un caso paradigmático de regulación sin evaluación técnica previa, algo especialmente grave en un ámbito —la seguridad vial— donde los errores no se traducen en ineficiencias administrativas, sino en lesiones graves y muertes evitables.
Desde una perspectiva profesional, esta medida no puede analizarse en términos de “buena intención”, sino de calidad metodológica, evidencia empírica y coherencia sistémica. Y en esos tres planos, la V-16 suspende.
1. No existe justificación técnica basada en evidencia (evidence-based policy)
A día de hoy, no se ha hecho público ningún estudio que demuestre de forma concluyente que la implantación obligatoria de la V-16 conectada:
- Reduce de manera significativa la siniestralidad secundaria.
- Disminuye atropellos en escenarios reales de avería o inmovilización.
- Mejora la detección temprana frente a los sistemas tradicionales.
- Compensa los nuevos riesgos introducidos (uso incorrecto, falsa confianza, fallos técnicos).
La propia Dirección General de Tráfico ha reconocido implícitamente la ausencia de estudios comparativos sólidos. Desde el punto de vista profesional, legislar sin evaluación ex ante no es una opción debatible: es una mala praxis.
En ingeniería de seguridad, lo que no se mide, no se puede afirmar. Y aquí no se ha medido.ç
2. Se confunde reducción de exposición con eliminación del riesgo
El núcleo argumental de la V-16 es que “evita que el conductor baje del vehículo”. Este razonamiento es técnicamente incompleto y conceptualmente pobre.
La siniestralidad secundaria no depende exclusivamente de la exposición del conductor, sino de:
- Tiempo de detección del obstáculo.
- Velocidad de aproximación.
- Expectativa del usuario que circula.
- Legibilidad de la vía.
- Condiciones ambientales.
- Capacidad de reacción.
La V-16 no actúa sobre ninguna de estas variables críticas, salvo de forma indirecta y no garantizada. El riesgo no desaparece: se reubica. Y un riesgo mal entendido suele reaparecer con mayor impacto.
3. Homologación normativa mínima ≠ rendimiento en condiciones reales
Desde una óptica técnica, el sistema de homologación de la V-16 es claramente insuficiente.
La norma:
- No exige pruebas dinámicas en escenarios reales de tráfico.
- No evalúa comportamiento en curvas, rasantes o visibilidad reducida.
- No contempla degradación de baterías con el tiempo.
- No analiza interferencias cognitivas en situaciones de estrés.
Cumplir un umbral mínimo de laboratorio no garantiza eficacia operativa. Y sustituir un sistema conocido por otro con rendimiento real desconocido es, como mínimo, una decisión imprudente.
4. La conectividad se ha sobredimensionado de forma irresponsable
La conexión con la plataforma DGT 3.0 se ha presentado como un salto cualitativo. Técnicamente, no lo es.
Conviene ser precisos:
- No alerta directamente a los conductores que se aproximan.
- No activa protocolos automáticos de emergencia.
- No actúa en tiempo crítico inmediato.
- No sustituye gestión activa de la vía ni señalización variable.
Estamos ante una herramienta de información diferida, útil para la administración, pero con impacto limitado en prevención primaria. Venderla como solución de seguridad es marketing normativo, no ingeniería.
5. Formación cero: el error estructural más grave
No existe:
- Formación obligatoria asociada a la V-16.
- Integración sistemática en la educación vial.
- Evaluación del grado de comprensión ciudadana.
- Estrategia para prevenir usos incorrectos.
Introducir una obligación técnica sin formación es una contradicción en términos de seguridad. El sistema confía en que millones de conductores entiendan, recuerden y ejecuten correctamente una acción crítica sin haber sido formados para ello.
Desde cualquier estándar profesional, esto es inaceptable.
6. Externalización del riesgo y de la responsabilidad
La V-16 desplaza el foco del sistema al individuo:
- Compra obligatoria.
- Uso correcto bajo estrés.
- Interpretación normativa precisa.
- Responsabilidad en caso de error.
Mientras tanto, el sistema:
- No refuerza infraestructura.
- No mejora gestión del tráfico en incidentes.
- No invierte proporcionalmente en prevención estructural.
Esto no es un enfoque sistémico. Es transferir el riesgo al ciudadano y blindar la decisión política.
Opinión personal
La V-16 conectada no es una solución de seguridad vial basada en evidencia, sino una decisión normativa con fuerte componente simbólico y débil respaldo técnico.
Puede ser una herramienta complementaria, pero imponerla como eje central sin:
- Evaluación previa.
- Estudios comparativos.
- Formación obligatoria.
- Análisis de impacto real.
…no es avanzar en seguridad vial. Es simular avance.
Y los profesionales de la movilidad segura tenemos la obligación ética de decirlo, aunque incomode.



Nos estan volviendo locos. Yo la he comprado, pero no se si colocarla en caso de averia.
Y sabiéndose todo esto van a imponerla si o si..😟😟..creo que los iluminatis de turno les da igual la ineficacia que va a tener este artilugio , prima la imponencia y la poca cabeza de tan grandes creadores de semejante ocurrencia…..así va el País..😔😔..
Parece ser que no existe un estudio previo sobre su eficacia, de momento solo hay videos demostrando que no es visible en muchas situaciones. Esto no es más que un saca cuartos más para que recaude el estado. En definitiva, es una estafa.