Opinión

Incertidumbre o mentira. Camionero García. Opinión

El transporte por carretera necesita una reconversión y no solo en su huella de carbono, sino en lo social
Foto de archivo
Imagen de varios camiones estacionados. Foto de archivo
Incertidumbre o mentira. Camionero García. Opinión

Pues claro que la incertidumbre va a ser una constante en el año 2024. Los datos económicos así lo reflejan, el precio del dinero presiona sobre los créditos y las inversiones. Los precios al consumo, los altos costes para las empresas, los retrasos en las cadenas de suministros y los conflictos internacionales, son pájaros de mal agüero para la tranquilidad. 

No obstante, hay que decir que quien sufre fuertemente las crisis son los trabajadores con salarios más bajos y que soluciones anteriores basadas en salarios bajos y condiciones precarias sólo fueron buenas para las grandes empresas, grupos de inversión y para especuladores varios.

Hay que decir que la sociedad ha aprendido bien el significado de la palabra resiliencia y que a pesar de aquellos agoreros y negacionistas, mensajeros de políticas pasadas, sumisos de su propia servidumbre hacia el capital, se ven cabeceando sobre un muro de lamentaciones que solo existen en su mente.

Hay dinero suficiente para salir de crisis provocadas por los grandes lobbies financieros y armamentísticos y sobre todo, por políticos que pretenden recortar derechos a la población y regalárselo al gran capital, seguramente a cambio de treinta monedas de plata.

Pero aquí hablamos de transporte y sí, también hay dinero para el sector, si la Comisión Europea quiere, porque para el ferrocarril ya lo ha demostrado. El transporte por carretera necesita una reconversión y no solo en su huella de carbono, sino en lo social, porque después de muchos años intentándolo, sus políticas han fracasado.

Los trabajadores del sector no están mejor que hace treinta años, Su sensación es que han perdido derechos, salarios, salud y su dignidad se ve arrastrada por los suelos en un tiempo donde pensábamos que la esclavitud no existía y estos trabajadores se sienten esclavos de un sistema abusivo y deshumanizado.

Pero no busquemos solo en la actitud de los trabajadores, quizás su necesidad sea mayor que su valor a enfrentar estos problemas. Quizás la políticas del miedo ejercidas por las empresas a todo tipo de reivindicación, al derecho a la sindicación hacen que el trabajador sea víctima de un síndrome de Estocolmo con respecto a su empleador.

¿Y por qué digo incertidumbre o mentira en el titular?, sencillo y fácil de explicar. Incertidumbre porque, desde hace ya varias décadas, los poderes tanto políticos como financieros han encontrado una buena excusa para no repartir la riqueza y en el recorte de derechos se protegen ante posibles rebeliones.

Mentira, porque el sector del transporte y la logística seguirá demandando trabajadores y esto significa que el sector es fuerte y por tanto es posible que las condiciones generales de sus trabajadores puedan y deban  mejorar. ¿Hay dinero? Claro que lo hay, pero aunque las dificultades existen, lo cierto es que ese discurso de costes altos y precios a la baja no es por otra cosa que por estrategias interesadas de la grandes empresas, a sabiendas de la complacencia y servidumbre de los trabajadores del sector.

Pero lo más triste de esto es que saben del bajo nivel formativo del trabajador medio del sector, que el último informe del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo habla de más de un 60% de trabajadores con estudios primarios y que refleja su baja preparación para enfrentar con la responsabilidad adecuada problemas como seguridad en la actividad que realizan, protección de su propia salud laboral, reconocerse con derechos a la conciliación o asumir condiciones salariales en función de la actitud de su empleador.

Por eso lo del síndrome de Estocolmo. Solo hay que escuchar o leer como muchos trabajadores aceptan la máxima de “si mi jefe no cobra, no me puede pagar” olvidándose absolutamente de las obligaciones contractuales que tiene un empresario al emplear a personal ajeno.

Todo esto va relacionado con la formación. Una sociedad poco formada es más fácil de manejar, en todos los ámbitos, también en el transporte. Como también esto, se refleja en el mundo empresarial, ¿O pensamos que por tener una empresa el nivel formativo es más alto? No, ¿Verdad?. En nuestro sector se ve reflejado en que muchos empleadores son auténticos analfabetos funcionales.

Esperemos que el 2024 comience con esa transición necesaria de poner a cada uno en su sitio y que se implementen políticas que nos liberen de empresarios incapaces de cumplir con sus obligaciones. Políticas que vean en la formación de los trabajadores una cualificación que permita unas condiciones más dignas y no un negocio para entidades ajenas a nuestro sector en este caso. Porque la formación no es sólo aprobar un examen de conducción, ni es sólo la presencia para la obtención de una capacitación.

Lo dicho, la incertidumbre no debe hacer que bajemos la guardia, ni la mentira debe ser el dogma de nuestra actividad. Uno mismo debe hacer análisis y reflexión de su situación y sus objetivos, lo demás es dejar en manos de líderes débiles sus intereses y ya sabéis, cuando uno deja sus intereses en manos de terceros, el que siempre gana es el tercero

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