El registro digital no duplica nada: pone fin a una impunidad demasiado rentable. La opinión de Juan José Salamanca

Justo cuando el Gobierno prepara un registro digital de jornada con acceso remoto para la Inspección de Trabajo y la Seguridad Social

Justo cuando el Gobierno prepara un registro digital de jornada con acceso remoto para la Inspección de Trabajo y la Seguridad Social
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Juan José Salamanca
Conductor profesional siempres preocupado por la actualidad del transporte y los problemas de los compañeros, de la legislación del sector y del cumplimiento de la normativa...

En el transporte por carretera español hay una verdad incómoda que las patronales conocen perfectamente y que ahora intentan proteger con el disfraz de la “simplificación”: el tacógrafo nunca ha servido para garantizar de verdad el cobro íntegro de la jornada laboral del conductor asalariado.

Ha servido para otra cosa. Para controlar conducción, pausas, descansos y determinadas actividades vinculadas al transporte. Ha servido para Tráfico. Ha servido para sancionar al conductor cuando se excede. Ha servido para fiscalizar el vehículo. Pero no ha servido, en la práctica, para asegurar que el chófer cobre con normalidad todas las horas que trabaja, todos los tiempos que queda a disposición de la empresa y todos los excesos que acaban desapareciendo entre la nómina, la gestoría y el silencio administrativo.

Por eso resulta tan revelador que, justo cuando el Gobierno prepara un registro digital de jornada con acceso remoto para la Inspección de Trabajo y la Seguridad Social, aparezca parte de la patronal del transporte pidiendo una excepción para el sector o reclamando que el tacógrafo sea reconocido como sistema suficiente. No están defendiendo una solución técnica mejor. Están defendiendo que nada esencial cambie.

Y eso hay que decirlo con claridad. El verdadero debate no es tecnológico; es político y laboral

La discusión no va de aparatos. Va de poder.

El nuevo modelo de registro digital nace para que el tiempo de trabajo deje de ser una zona opaca. El borrador normativo exige un registro digital, objetivo, fiable y accesible; obliga a reflejar inicio y fin de jornada, pausas, horas ordinarias, extraordinarias y complementarias, tiempos de espera y tiempos a disposición de la empresa; impone su conservación durante cuatro años; reconoce el derecho de la persona trabajadora a consultar sus asientos y establece el acceso inmediato, también remoto, de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social.

.- Eso es exactamente lo que más incomoda a quienes llevan años beneficiándose de la confusión entre control del transporte y control laboral.

.- Porque el problema real del sector no es que falten datos. El problema es que sobran zonas grises.

.- Sobran jornadas que empiezan antes de arrancar el motor y terminan mucho después de apagarlo.

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.- Sobran tiempos de espera que se presentan como nada.

.- Sobran disponibilidades que se usan como cajón de sastre para no pagar trabajo real.

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.- Sobran nóminas “bonitas” que no reflejan la jornada efectiva.

.- Y sobran empresas que siguen siendo competitivas porque una parte del coste laboral se desplaza al cuerpo, al tiempo y a la vida del conductor asalariado.

El tacógrafo no es un registro laboral completo, y fingir lo contrario ya no cuela

La patronal sostiene que el tacógrafo registra conducción, otros trabajos, disponibilidad y descanso, y que por tanto basta. El argumento parece razonable solo mientras se mire el sector desde el despacho y no desde la jornada real del conductor. Pero la jornada laboral de un asalariado del transporte no empieza y termina dentro del pictograma del vehículo.

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Hay preparación del servicio. Hay instrucciones. Hay gestiones administrativas. Hay esperas impuestas por la empresa. Hay tiempos en destino. Hay incidencias. Hay formación obligatoria. Hay desplazamientos entre centros. Hay carga, descarga o limpieza cuando se fuerza ilegalmente al conductor a realizarlas. Hay periodos enteros en los que el trabajador sigue bajo poder empresarial sin que esa realidad quede reflejada de forma clara, simple y usable para reclamar salario.

Y aun dentro del propio tacógrafo hay un problema que la patronal omite: su utilidad laboral depende de una clasificación correcta, constante y no interesada de cada actividad. Cuando un tiempo se imputa como “disponibilidad” en vez de “otros trabajos”, quien pierde no es la empresa. Pierde el conductor. Cuando el trabajador no recibe formación suficiente o no dispone fácilmente de sus registros, quien pierde no es la empresa. Pierde el conductor. Cuando el dato existe pero no se traduce en nómina real, quien pierde no es la empresa. Pierde el conductor.

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Por eso el tacógrafo puede ser una fuente auxiliar de verificación. Lo que no puede ser es la coartada para impedir un sistema laboral pensado precisamente para cerrar los agujeros por los que hoy se escapan salarios, cotizaciones e impuestos.

Lo que la patronal llama “duplicidad” es, en realidad, control eficaz

.- Se repite que imponer un registro digital adicional sería redundante, costoso y burocrático. El argumento tiene un problema: parte de un supuesto falso. Supone que el sistema actual ya protege al trabajador. Y no es verdad.

.- Si el sistema actual protegiera al trabajador, no sería tan frecuente que el conductor desconozca el volumen exacto de horas extraordinarias, de tiempos de presencia o de disponibilidades realmente prestadas.

.- Si el sistema actual protegiera al trabajador, no necesitaría acudir a SMAC, a la Inspección o a los tribunales para averiguar lo que debería conocer de forma ordinaria .- al cobrar su nómina.

.- Si el sistema actual protegiera al trabajador, no existiría esa sensación extendida en el sector de que reclamar lo obvio sale más caro que callar.

.- No, no estamos ante una duplicidad. Estamos ante dos planos distintos:

.- Uno, el del control sectorial del transporte y la seguridad vial;

.- Otro, el del control laboral, salarial y de cotización.

Confundir ambos planos no es un error inocente. Es la pieza central del discurso que pretende mantener intacto un modelo operativo basado en la tolerancia institucional y en la debilidad probatoria del trabajador.

Lo que de verdad temen algunos operadores es el cruce de datos

El nuevo registro digital preocupa porque introduce algo que hasta ahora ha faltado demasiado: trazabilidad laboral utilizable.

No solo por el conductor. También por la Inspección de Trabajo, la Seguridad Social y, en su caso, la Hacienda pública.

Ese es el punto decisivo.

Cuando el registro debe ser digital, conservarse cuatro años, permitir acceso inmediato y remoto a la Inspección, y reflejar tiempos de espera y disponibilidad, deja de ser tan fácil sostener nóminas incompletas, cotizaciones infradeclaradas o estructuras retributivas opacas.

Y ahí se entiende la reacción patronal. Porque un control laboral real no solo protege derechos individuales. También altera incentivos empresariales.

.- Obliga a competir mejor.

.- Obliga a organizar mejor.

.- Obliga a pagar mejor.

.- Obliga a dejar de basar parte de la rentabilidad en horas invisibles y en disponibilidad gratuita.

Eso es lo que algunos llaman “sobrecoste”. Pero no es un sobrecoste. Es el coste real del trabajo cuando deja de ser posible esconderlo.

Jubilación anticipada y control digital: dos medidas distintas, una misma verdad

Que en estas mismas semanas esté en fase decisiva la cuestión de los coeficientes reductores para conductores profesionales añade una ironía difícil de ignorar.

Por un lado, el sistema público reconoce cada vez con más claridad que estamos ante una actividad especialmente penosa y peligrosa, hasta el punto de haber activado el procedimiento específico para permitir la anticipación de la jubilación en profesiones con elevados índices de penosidad, peligrosidad, toxicidad o insalubridad. Y las solicitudes del colectivo de conductores están en tramitación final este mes de abril.

Por otro, parte de la patronal pretende que esa misma actividad, que se presenta como tan singular y exigente para justificar una jubilación anticipada, siga funcionando sin un control laboral digital fuerte, externo y fiscalizable.

No se puede sostener las dos cosas a la vez sin caer en contradicción.

Si la conducción profesional es lo bastante dura, penosa y exigente como para merecer coeficientes reductores, entonces también es lo bastante sensible como para exigir un registro laboral serio que impida abusos de jornada, tiempos fantasma y salarios amputados.

Y si no se acepta ese control, lo que se está defendiendo no es la especificidad del sector. Lo que se está defendiendo es su opacidad.

La gran coartada de siempre: “si se controla de verdad, el sector no aguanta”ç

.- Este es, en el fondo, el núcleo ideológico del rechazo.

.- Se da por hecho que, si se paga y cotiza todo lo que realmente se trabaja, muchos modelos de negocio no saldrían.

.- Puede que sea verdad en algunos casos. Pero precisamente ahí está el escándalo.

Un sector estratégico no puede sostener su competitividad sobre el incumplimiento sistemático de la legalidad laboral. No puede seguir pidiendo respeto social mientras niega herramientas básicas de transparencia a quienes lo hacen posible. No puede lamentar la falta de conductores y a la vez combatir cada norma que fortalece la posición del asalariado.

La escasez de relevo generacional no se explica solo por el esfuerzo de la profesión. Se explica también por décadas de normalización del abuso, de nóminas opacas, de descansos insuficientes, de dietas indignas y de una cultura empresarial que ha confundido flexibilidad con disponibilidad total del trabajador.

La norma debe salir adelante, también para limpiar el mercado

Quien presenta el nuevo registro digital como una amenaza para el transporte omite otra consecuencia fundamental: la norma también protege a las empresas que sí cumplen.

Porque hoy compiten en desventaja frente a quienes abaratan costes trasladando al conductor trabajo no retribuido, tiempos no cotizados y disponibilidades no pagadas.

.- Más control no significa menos sector. Significa menos fraude.

.- Más trazabilidad no significa menos competitividad. Significa menos competencia desleal.

.- Más acceso de la Inspección no significa persecución. Significa Estado de Derecho.

.- Y eso, en un sector estratégico, no debería ser discutible.

Ya no toca contemporizar

.- La Administración no debería ceder ante esta presión.

.- No debería aceptar excepciones sectoriales fabricadas para conservar vacíos que llevan años beneficiando a quienes menos necesidad tienen de protección.

.- No debería permitir que un dispositivo concebido para el control del transporte sustituya una obligación diseñada para garantizar derechos laborales.

.- Y no debería volver a colocar al conductor asalariado en la posición de siempre: la de tener que denunciar individualmente para cobrar lo que ya ha trabajado.

El registro digital de jornada en el transporte por carretera no es un capricho ideológico ni una extravagancia burocrática. Es una reforma mínima de higiene institucional.

.- Llega tarde, pero llega justo donde más molesta: al punto en que la opacidad se convierte en beneficio.

.- Por eso algunas patronales quieren frenarlo.

.- Y por eso mismo debe aprobarse.

.- Porque cuando un sector solo funciona mientras la jornada real permanece oscura, el problema no es la norma nueva.

.- El problema es el modelo viejo.

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