Opinión

Nido y vejez. La opinión de Salvador Egea Llull

El trabajo es como la vida, se puede medir en etapas. Estoy en la etapa en la que quiero encontrar mi lugar, un nido, una cueva, un lecho en el que resguardarme del mundo y llegar tranquilo a mi vejez.
Foto de archivo
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Nido y vejez. La opinión de Salvador Egea Llull

¿Cuándo un trabajador perteneciente a la clase obrera, miró más por la empresa que el propio empresario? Quizás cuando este, conoce un poco más la realidad que rodea su oficio y el desempeño ejercido, más que el propio empresario.

El trabajo es como la vida, se puede medir en etapas. Estoy en la etapa en la que quiero encontrar mi lugar, un nido, una cueva, un lecho en el que resguardarme del mundo y llegar tranquilo a mi vejez. Parece ser una utopía en estos días. Actualmente, veo que la estabilidad laboral en este oficio nuestro, más que un hecho, se torna un esfuerzo. Al menos para mí, un esfuerzo extra que personalmente, no se si estoy dispuesto a ejercer. 

Soy una abeja obrera en la colmena del mundo laboral, pero no sirvo a nadie, más que a mí mismo. Por ello, con mis errores y aciertos, echo para adelante, buscando el destino y que la providencia en factor suerte se presente si lo considera oportuno. El camino se hace al andar, y en mi camino andado, algo de suela he gastado. No voy a decir que el mundo es injusto por estar mal repartido todo en general, lo sabemos todos, por ello que yo lo sé, me bajo del barco, no del camión, porque no ayudaré a perpetuar un sistema de trabajo.

Por mi personalidad, la cual está compuesta como todo individuo, de defectos y virtudes, no dispongo de las que necesito para marcar una especie de distancia entre mis iguales. Nunca he buscado la palmadita del jefe, ni que me invite a almorzar, ni que me mire con brillo en sus ojos. Lo considero algo negativo, en parte, si no se sabe marcar la distancia. Solo he pretendido llegar a la empresa para trabajar, cumplir y que me paguen. Si jefe y empleado están de acuerdo en las condiciones, a rodar.

Culpa mía por estar dispuesto a trabajar y cumplir con mi parte, cumplir en exceso, sin excederme con el tacógrafo nunca, pero estar demasiado dispuesto para trabajar. Depende con quien toques, te tratará de una manera u otra. He tenido un jefe que sí, es cierto que me ha cuidado en parte, sin putearme con los peores viajes, y si alguna vez ha tocado alguno feo, se ha disculpado sin necesidad ninguna. Es la suerte de caer en gracia y no ser gracioso. Algo a agradecer Sinceramente, no es algo que busque, pero que llega, ¿Porqué no hacer de mi defecto una virtud?

Otro de los jefes, entendía que un tipo que trabaja, que no sabe decir que no, que cumple su faena, hay que hacerle brillar, se le puede pedir más, otra vuelta de rosca, otro viaje más. Al igual que quiso sacar partido de mi condición, supe poner el límite, porque aunque lo parezco y me lo reconozco, soy tonto hasta donde me interesa. Entonces, ya no se trabajaba bajo sus normas, hacía valer las mías cuando éstas eran necesarias y nunca hubo reproche ni consecuencias, ¿Por qué? Porque el trabajo salía adelante.

Otro de tantos, tenía a los chóferes como autómatas que le ingresaban beneficio a final de cada mes. Delegaba el trabajo en un “tercero” y él solo se preocupaba de facturar con su taxi. Para el resto de cosas, apáñate tú como quieras o puedas, pero el camión, que facture. Cuando me cansé del circo y el espectáculo, le dije al “tercero” que me iba, y éste me pidió que no me fuese. Me preguntó qué pedía y negociamos los domingos en casa, uno si, uno no. Cuando le notifiqué a mi jefe la situación, me dijo que eso no podía ser. Le dije: pues, paga los domingos. A ti, sí te los pagan. Su respuesta fue literal: no quiero pagar

No pasa nada, por algo se llama negociación. Si hay acuerdo, bien, si no, fuera. Así fue que acabé en la empresa de la que una vez más, me marcho. Soy así, somos así, vamos al sol que más calienta. Aterricé de bendita casualidad en la actual empresa, con una situación algo idílica que a muchos gustaría tener, y siendo así, e aquí, que no quiero seguir. 

Fui advertido de que a este señor se le iban muchos chóferes, siendo que paga bien, a convenio, todos los días en tu casa, sábados y domingos en tu casa, festivos en tu casa. Y así ha sido y es. Pese a lo sencillo del trabajo a realizar y la escasa dificultad de gestión que se tiene en una empresa con clientes fijos y rutas fijas diarias de ida y vuelta, no todo reluce como las llantas de aluminio, tiene sus defectos absurdos, que te hacen cuesta arriba un poco ejercer tu trabajo. Presenté mi dimisión.

No esperaba que me pidiera por favor que no marchase, que hablásemos de dinero si ese era el motivo, que valorase lo que tenía, cómo estaba el trabajo por ahí, que pidiese lo que fuese necesario, si existe solución, la quería aplicar. Le expuse los motivos y prometió cumplir con ello. Así es que sigo hasta que el pacto se rompa o quizás sea cierto que he encontrado ese lugar en el que alcanzar la vejez sin necesidad de volar a otro árbol.

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