El Estrecho de Ormuz permanece prácticamente cerrado, con efectos que se extienden a la economía mundial en cuestión de semanas debido a la interrupción de los flujos energéticos, el aumento de los precios y una mayor presión financiera sobre los países en desarrollo, advierte ONU Comercio y Desarrollo (UNCTAD) en su segundo análisis rápido. Lo que comenzó como una interrupción en un corredor energético clave ahora está repercutiendo en toda la economía mundial.
La actualización sigue a un primer análisis publicado el 10 de marzo y confirma un rápido deterioro de las condiciones mundiales desde la escalada a finales de febrero, con riesgos que ahora van mucho más allá de los mercados energéticos.
Una ruta crítica de suministro paralizada
El estrecho de Ormuz, arteria central para el comercio global de energía, ha visto caer la actividad casi a cero. El tránsito de buques disminuyó de alrededor de 130 por día en febrero a solo 6 en marzo, un desplome de aproximadamente 95%.

La interrupción está afectando una gran parte de los suministros mundiales de petróleo y gas, con consecuencias inmediatas para la producción, el comercio y el consumo a nivel global. También se está propagando a los sistemas de transporte, incluidas las rutas marítimas, la carga aérea y la logística portuaria.
Impacto energético que impulsa la economía mundial
Los choques energéticos se han convertido en el principal canal por el que el conflicto afecta al comercio y la economía global.
Los precios de los combustibles han aumentado considerablemente desde la escalada del 28 de febrero y se mantienen elevados, mientras que el costo de transportar petróleo también ha subido de manera significativa. Estos aumentos se trasladan a las cadenas de suministro, incrementando el costo de producir y mover bienes en todo el mundo.
No todos los segmentos del transporte marítimo se ven afectados por igual. Los buques petroleros y de gas natural licuado, que dependen en gran medida de las rutas del Golfo, han sido los más golpeados, enfrentando una reducción de volúmenes y mayores costos por riesgo. Otros segmentos, como el transporte de contenedores y carga seca a granel, están más aislados pero igualmente afectados por el aumento de costos e interrupciones.
Si las interrupciones persisten o se intensifican, los daños a la infraestructura energética podrían mantener los precios elevados por más tiempo, lo que prolongaría las presiones inflacionarias. Las regiones más dependientes de las importaciones energéticas de Oriente Medio, particularmente Asia Meridional y Europa, estarían más expuestas.
El comercio y el crecimiento pierden impulso
El comercio inició 2026 con bases sólidas, pero se prevé que pierda dinamismo a medida que avance el año. Se estima que el crecimiento del comercio mundial de mercancías se desacelerará de alrededor de 4,7% en 2025 a entre 1,5% y 2,5% en 2026, a medida que se debilita la demanda global y aumenta la incertidumbre.

Las interrupciones representan un importante shock de oferta, elevando los precios mientras afectan la demanda. Se espera que el crecimiento mundial se desacelere de 2,9% en 2025 a 2,6% en 2026, suponiendo que el conflicto no se intensifique aún más.
El aumento de las tensiones geopolíticas incrementa la incertidumbre, lo que dificulta prever los resultados económicos y supone un obstáculo adicional para la inversión y el comercio.
El aumento de la incertidumbre amplifica el impacto
El conflicto está sumando nuevos riesgos geopolíticos a nivel global, amplificando sus efectos más allá de los mercados energéticos.
Los costos de transporte marítimo y seguros suben a la par, intensificando la presión. Al mismo tiempo, la inflación repunta, amplificando la inestabilidad financiera. La escalada también está dejando al descubierto vulnerabilidades subyacentes, como el débil crecimiento, el aumento de la desigualdad y los mayores costos de vida.
Si la situación persiste, las interrupciones en el comercio y los mercados financieros podrían profundizarse, aumentando el riesgo de una crisis más amplia y en cascada.
Creciente presión financiera
La tensión también es visible en los mercados financieros.
A medida que aumenta la incertidumbre, los inversores se alejan de los activos de mayor riesgo y venden acciones, bonos y monedas en países en desarrollo. Estas ventas han sido más pronunciadas que en las economías avanzadas. Esto es típico en períodos de mayor riesgo.
Las monedas de los países en desarrollo se han debilitado, encareciendo importaciones como combustibles y alimentos. Al mismo tiempo, los países enfrentan mayores costos para endeudarse en los mercados internacionales, dificultando la obtención de capital precisamente cuando más se necesita.
Los costos de endeudamiento han aumentado en las regiones en desarrollo en las semanas posteriores a la escalada.

Países en desarrollo, los más expuestos
Los efectos son más graves en las economías en desarrollo.
El alza de los precios de la energía incrementa los costos de importación, mientras que la debilidad de las monedas amplifica esas presiones. Al mismo tiempo, unas condiciones financieras más restrictivas reducen la capacidad de respuesta de los gobiernos.
El efecto se agrava por el aumento de los costos de importación de energía, alimentos y fertilizantes, junto con una menor demanda externa. Incluso es poco probable que los países exportadores de energía obtengan beneficios claros, ya que los mayores costos de importación y el aumento de la volatilidad contrarrestan los ingresos adicionales.
En las economías más vulnerables, estas presiones también aumentan los riesgos para la seguridad alimentaria y complican la gestión de la política económica.
Estos desafíos se suman a las vulnerabilidades de deuda existentes. Alrededor de 3.400 millones de personas viven en países que ya gastan más en el servicio de la deuda que en salud o educación, lo que deja poco margen para absorber nuevos shocks.
Un riesgo mundial que avanza rápidamente
Conjuntamente, la interrupción de los flujos energéticos, el aumento de los precios, el comercio más lento y las condiciones financieras más restrictivas están generando una presión económica mundial de gran alcance. A medida que aumenta la incertidumbre, también se debilita la resiliencia y el riesgo de una crisis de deuda más amplia se incrementa.
Si las interrupciones persisten, la situación podría evolucionar hacia una crisis en cascada con profundas consecuencias para el desarrollo.



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