El transporte de mercancías peligrosas por carretera en España afronta un escenario cada vez más exigente en materia de regulación, seguridad y control operativo. En un entorno de crecimiento sostenido del transporte en Europa y de mayor presión normativa, la correcta gestión de productos clasificados bajo el Acuerdo ADR se consolida como un factor crítico para la industria.
Aunque las mercancías peligrosas representan aproximadamente el 4% del volumen total del transporte por carretera en España y en el conjunto de la Unión Europea, según datos de Eurostat, su relevancia estratégica es significativa. Están directamente vinculadas a sectores como la industria química, la energía o la automoción, donde la continuidad operativa depende de una logística segura y especializada.
Este tipo de transporte no está al alcance de cualquier operador. Exige especialización, red certificada y sistemas de control adaptados a la normativa vigente. En este contexto, compañías como Cargoboard, presente en el mercado español desde 2024, operan distintas clases de mercancías peligrosas, coordinando su operativa a través de transportistas cualificados y gestión digital centralizada para reforzar la trazabilidad y el cumplimiento normativo en un segmento donde el margen de error debe ser mínimo.
Las clases de mercancías peligrosas que circulan por carretera en Europa
Las mercancías peligrosas son aquellas que, por sus propiedades químicas o físicas, pueden suponer un riesgo para personas, infraestructuras o el medio ambiente durante su transporte. El ADR establece nueve clases según el tipo de riesgo. En el ámbito industrial, las principales incluyen:
.- Clase 1 (Explosivos): materiales y objetos con riesgo de explosión, como cartuchos o fuegos artificiales.
.- Clase 2 (Gases): como propano o butano comprimido.
.- Clase 3 (Líquidos inflamables): disolventes industriales, pinturas o combustibles.
.- Clase 4 (Sólidos inflamables y sustancias reactivas).
.- Clase 5 (Sustancias comburentes y peróxidos orgánicos).
.- Clase 6.1 (Sustancias tóxicas).
.- Clase 8 (Sustancias corrosivas): como determinados ácidos industriales.
.- Clase 9 (Mercancías peligrosas diversas): entre ellas, baterías de litio.
Determinadas categorías, como explosivos, sustancias infecciosas (Clase 6.2) o materiales radiactivos (Clase 7), requieren autorizaciones específicas y no forman parte del transporte habitual de la mayoría de los operadores.
Retos operativos y el papel clave de la digitalización
En este contexto, la reciente Resolución de 12 de febrero de 2026 del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, en vigor desde el 22 de febrero, ha actualizado los criterios de inspección y control del transporte de mercancías peligrosas para adaptarlos a la Directiva (UE) 2025/1801. La norma revisa la lista de control utilizada en carretera y clasifica las infracciones en tres niveles de riesgo, lo que puede derivar en medidas como la inmovilización del vehículo en los casos de mayor gravedad.
Este nuevo marco refuerza la responsabilidad de las empresas transportistas, que deben revisar sus protocolos internos, garantizar la correcta formación de conductores y consejeros de seguridad, y asegurar que cada envío cumple estrictamente con los requisitos documentales y técnicos. La actualización normativa persigue reducir la siniestralidad, reforzar la prevención y asegurar una aplicación homogénea de los estándares europeos, elevando el nivel de control en todo el sector.
La gestión de estas cargas implica un nivel de exigencia superior al de otras mercancías. El ADR impone requisitos estrictos en embalaje, etiquetado, documentación y formación especializada, a lo que se suma la escasez de conductores certificados y la necesidad de garantizar la compatibilidad de productos en operaciones de grupaje. En este entorno, la trazabilidad en tiempo real y el control documental centralizado se convierten en elementos determinantes para minimizar riesgos y asegurar el cumplimiento normativo.
La digitalización del proceso logístico emerge así como una herramienta clave para reducir errores administrativos, mejorar la coordinación entre los distintos actores de la cadena de suministro y aportar mayor transparencia en cada envío. La integración de sistemas de gestión, el acceso a información en tiempo real y la centralización documental permiten agilizar la toma de decisiones, anticipar posibles incidencias y reforzar el control operativo en un entorno donde la precisión resulta determinante.
La evolución del marco regulatorio y las crecientes exigencias en materia de seguridad apuntan hacia un modelo de transporte cada vez más digitalizado, transparente y controlado. En este escenario, la tecnología se consolida como un habilitador clave para reforzar la confianza y la resiliencia de la cadena logística.
África Narbona, International Strategy Manager para España, Portugal e Italia en Cargoboard, señala que «La tecnología ya no es opcional en el transporte de mercancías peligrosas. El aumento de la presión regulatoria y de seguridad obliga a trabajar con máxima precisión y visibilidad operativa. Digitalizar los procesos permite anticipar riesgos, reforzar el control documental y garantizar trazabilidad en un segmento donde cualquier desviación puede tener consecuencias relevantes para toda la cadena de suministro«.





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