En la distribución de productos de alimentación, la exigencia de fabricantes, distribuidores y canal se centra cada vez más en disponer de visibilidad, control y evidencia operativa. Así, para cada uno de los eslabones de la cadena es esencial conocer dónde está el envío, en qué condiciones viaja y cómo se ha gestionado hasta la entrega. En este contexto, la trazabilidad se consolida como un elemento estratégico clave para garantizar la seguridad alimentaria, reducir incidencias y sostener la regularidad del servicio en operativas complejas.
En España, este enfoque se apoya en el refuerzo de los sistemas de control impulsados por las autoridades. Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), el sistema de supervisión se articula a través del Plan Nacional de Control Oficial de la Cadena Alimentaria, actualizado en 2026, que incluye programas específicos de control de trazabilidad a lo largo de todas las fases. En línea con ese marco, los últimos resultados consolidados, correspondientes a 2024, difundidos por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), señalan que España realizó más de 510.000 controles alimentarios y registró un nivel de cumplimiento del 75,7%, lo que implica que aproximadamente uno de cada cuatro controles detecta algún tipo de incumplimiento.
En este contexto, la logística de alimentación debe aportar fiabilidad, capacidad de reacción y control, especialmente en operativas que combinan diferentes tipos de temperatura y abastecen simultáneamente a retail, horeca y cliente final. En estos flujos, cualquier desviación puede traducirse en merma, rechazos o entregas no conformes, afectando directamente a la disponibilidad del producto y a la experiencia de compra.
Red capilar, control térmico y datos verificables: el modelo de Logista Parcel
Logista Parcel consolida su propuesta para el sector alimentario con una operativa orientada a la regularidad del servicio y a la trazabilidad basada en datos. La compañía opera en España, Portugal y Andorra y cuenta con una infraestructura de más de 64 delegaciones, 10 plataformas y una flota de más de 1.900 vehículos con control térmico, diseñada para mantener protocolos homogéneos en toda la red.
Su modelo se apoya en monitorización continua, registro verificable de datos, protocolos operativos homogéneos y formación constante de los equipos, con el objetivo de minimizar riesgos y reforzar el control de la cadena.
«En alimentación, la trazabilidad aporta valor cuando se traduce en decisiones que permiten anticipar incidencias, mejorar la coordinación y preservar la calidad. Es una herramienta que da tranquilidad a la marca y aporta garantías al canal», explica Alberto Pérez Salillas, director general de Logista Parcel.
Como diferencial operativo, Logista Parcel opera como la única red logística multitemperatura con capacidad para trabajar hasta cinco rangos: ambiente, refrigerado 0–4 ºC, 2–8 ºC, temperatura controlada 15–25 ºC y congelado –18 ºC. La compañía ofrece distribución B2B y B2C, de modo que cada categoría viaje con el tratamiento que necesita, manteniendo el control y la trazabilidad en todo el proceso. Este enfoque resulta clave en un contexto en el que diversos análisis sectoriales apuntan a que las desviaciones térmicas no controladas pueden estar detrás de entre un 20% y un 30% de las mermas logísticas en alimentación fresca cuando no existen sistemas de control adecuados.
Además del control térmico, esta infraestructura refuerza una trazabilidad homogénea en todo el territorio, basada en los mismos protocolos, la misma regularidad y las mismas garantías en toda la red, de modo que la calidad del servicio no dependa de la zona geográfica. Esta capilaridad resulta especialmente relevante en entornos exigentes, donde la falta de estandarización puede traducirse en retrasos, rechazos en destino y entregas no conformes que, según estimaciones sectoriales, pueden llegar a representar hasta un 5% del volumen gestionado en determinados canales.
En un mercado donde la transparencia pesa cada vez más, Logista Parcel mantiene un objetivo claro: que la logística de alimentación pueda ofrecer más control, menos incertidumbre y mayor confianza a lo largo de toda la cadena, desde el fabricante hasta el punto de venta y el consumidor final.



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