La fecha del 1 de mayo es un símbolo, conquistado con mucho esfuerzo, de la lucha de los trabajadores, la solidaridad y el poder colectivo: un día histórico en el que cesa la actividad laboral y se afirma la dignidad.
Ese significado está siendo atacado en Francia
En la reunión de esta semana en Nicosia, el Comité Ejecutivo de la ETF expresó su solidaridad con nuestras filiales francesas y se comprometió a apoyarlas en la defensa de este día fundamental para los trabajadores.
La iniciativa del gobierno francés para ampliar las excepciones que permiten que más sectores no esenciales operen en el Día Internacional de los Trabajadores se presenta como “voluntaria” y se incentiva con salarios más altos. Pero esta narrativa es perjudicial y errónea: no existe verdadera libertad de elección en una relación de poder desigual entre empleador y trabajador. Lo que se presenta como opcional se convierte rápidamente en expectativa y, posteriormente, en norma.
Este cambio es peligroso por varias razones:
.- Primero, divide a los trabajadores. Al individualizar la decisión de trabajar o no, debilita el poder colectivo y erosiona la solidaridad.
.- En segundo lugar, sienta un precedente. Normalizar el trabajo el Primero de Mayo en algunos sectores genera presión para extenderlo a otros, creando una necesidad artificial de movilidad que justificará un servicio mínimo más amplio en el transporte público y reforzando la idea de que ningún día está realmente protegido.
.- En tercer lugar, socava el propósito mismo del Primero de Mayo: el recuerdo y la movilización. Este es el único día en que los trabajadores, por ley, pueden reunirse, reflexionar sobre las luchas pasadas y demostrar su fuerza colectiva. Diluirlo debilita tanto la memoria como la acción.
Permitir que algunos trabajen el Primero de Mayo no es un ajuste neutral. Es el comienzo de una normalización más amplia que corre el riesgo de vaciar por completo el significado de este día.
El Primero de Mayo existe porque los trabajadores lucharon por él. Preservarlo requiere esa misma vigilancia. Nos solidarizamos con los sindicatos franceses que resisten estas medidas y defienden no solo una fecha, sino la historia y los derechos que representa.





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