El bálsamo de Fierabrás al que hace referencia Miguel de Cervantes en el Quijote era una especie de panacea para curar cualquier tipo de problema de salud.
En el sector del transporte venimos tapando agujeros y arreglando goteras desde hace décadas; pero cuando tapamos uno, aparece otro y entonces nos ponemos a correr para tratar de solucionarlo.
El Comité Nacional de Transporte por Carretera ha sido el instrumento a través del cual se han ido solucionando los problemas del sector, alguno de los cuales son reiterativos.
Tras la publicación de la Ley de Ordenación de los Transportes Terrestres (1987) y su Reglamento (1990), fueron relevantes los acuerdos del 2005 que constaban de cuarenta y cuatro medidas y que determinó el papel del Comité Nacional como único interlocutor del sector; luego vinieron otros en 2008 y más recientemente en 2021.
Los actuales acuerdos de 2026, todavía no conclusos, debido al conflicto bélico de Irán, podemos calificarlos de coyunturales, aunque algunas de las medidas hayan venido para quedarse, y se ciñen exclusivamente a paliar los efectos de la subida del precio del combustible con ayudas temporales de 20 céntimos por litro consumido, diseñando una nueva fórmula para el cálculo del incremento o disminución del precio del transporte en función del precio del gasoil y regulando un régimen sancionador si se incumple esta obligación de adecuación.
La mayor parte de las medidas adoptadas en los distintos acuerdos, han sido medidas de protección del sector frente a la posición dominante de sus clientes que impiden al transportista un nivel de negociación equilibrado.
Pero todas estas medidas no son sino un apaño para tratar de resolver un problema puntual que, la mayoría de las veces no se logra porque el sector sigue adoleciendo de problemas estructurales que son los verdaderamente responsables de todos sus males.
Hablamos de la atomización, la escasa dimensión de las empresas y la formación
Medios para evitar estos problemas estructurales existen. Por ejemplo, las cooperativas de transportistas o las sociedades de comercialización son figuras legales que se contemplan desde la publicación de la LOTT y que permitirían combatir la atomización y fortalecer la posición negociadora del transportista.
En cuanto a la formación, la regulación del acceso a la profesión mediante la capacitación profesional también está contemplada en la ley.
Pero, la concentración de empresas sea cual sea el modelo que se elija, no ha tenido nunca un plan de incentivos que anime a ello y la capacitación profesional fue durante muchos años un coladero por el bajo nivel de exigencia para superar los exámenes.
Desconozco si en el resto de los países de nuestro entorno el transporte tiene o ha tenido los mismos problemas. Sería interesante realizar un estudio comparativo para saber cómo han actuado sus respectivas administraciones, en su caso, para solventarlos.
La Administración, es consciente de las debilidades del sector, pero estas no se arreglan con medidas coyunturales que, muchas veces no resultan efectivas precisamente por la vulnerabilidad del transportista frente a su cliente lo que le obliga, si quiere realizar el transporte, a asumir todas sus peticiones.
Por eso creo que además de tratar de solucionar los problemas coyunturales sería preciso esforzarnos por encontrar ese bálsamo de Fierabrás que los solucionara todos de una vez.




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