En el tiempo que llevo en el ámbito de la justicia social (laboral) como experto en laboral, Seguridad Social y tacógrafos, he visto muchos casos donde las partes, a veces, reclaman o defienden cosas inverosímiles, como por ejemplo:
He visto desde reclamaciones de cantidades donde un conductor de mercancías exige 55.000 euros por once meses de trabajo (lo que equivale a unos imposibles 5.000 euros al mes en horas extras no abonadas), hasta empresas que defienden que un trabajador con 2.500 horas de trabajo efectivo anual, en realidad, no las ha realizado porque cumplió con los descansos diarios de más de 11 horas y semanales de más de 45 horas según el Reglamento de tiempos de conducción y descanso.
Al argumentar esto, las empresas mezclan legislaciones de forma errónea y obvian que, si ese empleado llega a las 2.500 horas, es justamente porque no se han compensado las horas sobrantes respecto a las permitidas en el convenio colectivo o a las 1.826 horas con 27 minutos de carácter general.
Ya lo veo como algo normal.
Veo que compañeros peritos en tacógrafo elaboran informes sobre cantidades aplicando convenios, valores y cálculos que dejan mucho que desear. Y debo recordar que entrar a valorar convenios, calcular horas y aplicar valores no está dentro de sus capacidades profesionales. Además de estar realizando intrusismo profesional, luego nos toca a los demás corregir errores, imprecisiones, malos cálculos, etc. De esta manera, si estoy en la parte contraria, es muy fácil para mí llevar el asunto a mi terreno. Demasiado fácil…
Por ejemplo, el letrado que me solicitó una revisión de la citada reclamación de horas por valor de 55.000 euros se llevó las manos a la cabeza cuando le tuve que rehacer el informe con las cantidades exactas que procedía reclamar.
En este caso en concreto, ascendía a una cantidad cercana a los 15.000 euros. Y ahora viene la pregunta del millón: ¿dónde se quedaron los otros 40.000? Pues bien, la diferencia estaba en la duplicidad de horas, en cálculos sobre horas reducidas de descanso que se pretendían cobrar a precio de hora extraordinaria, horas nocturnas a precio de hora ordinaria y luego como hora extra, horas inventadas…
Y así, suma y sigue.
Algo difícil de defender por ningún perito o letrado ante ningún juez. Evidentemente, el informe que se eligió para defender la para la reclamación de cantidades fue el mío.
Pero también he estado en la parte contraria, donde unos trabajadores estaban reclamando el oro y el moro por un informe pericial de un «perito en tacógrafos», el cual se había metido en convenios y valoraciones de horas que estaban fuera de la realidad y, una vez realizado el dictamen laboral, quedó constatado que las cantidades reclamadas no eran tales, sino el 50% de las pretensiones de la parte actora.
Y no es la primera vez; suelo verlo constantemente. Hay mucha falta de criterio, veracidad y objetividad, además de intrusismo profesional.
También he visto cierto desconocimiento por parte de algunos partidos judiciales respecto a las jornadas especiales de trabajo, donde se me ha solicitado que rehaga un informe con las horas extraordinarias día a día, cosa que, a todas luces, es improcedente cuando hablamos de jornadas especiales de trabajo. De hecho, hace tiempo que tuve que redactar varias «aclaraciones del perito» en los cálculos de las jornadas y en las posteriores conclusiones. Un informe no lleva solo unas cantidades; lleva un desarrollo, unas explicaciones, una razón de ser.
Cada apartado tiene su lógica, explicación y su normativa aplicable. Parece que mis informes, en muchos casos, no se leen y solo se ven las cantidades.
También veo muy a menudo, bajo mi punto de vista, que los letrados no se preparan las vistas como deberían, aun habiendo tiempo de sobra. Sabemos que los tiempos judiciales dejan mucho que desear en este país y que se podría hacer mucho más durante ese tiempo. El transporte es un sector complicado, con varias normativas y reglamentos. Y, siempre bajo mi punto de vista, veo que un simple informe de tacógrafo se queda cojo; una vez realizado el dictamen de horas grabadas en los tacógrafos, hay que aplicar la normativa laboral y los convenios.
Como perito, no estoy a favor de nadie; es lo primero que se nos enseña y lo que se nos solicita desde la Administración de Justicia. Mi trabajo debe ceñirse estrictamente a la veracidad y objetividad, pero lo que veo por parte de algunos compañeros son injusticias, imprecisiones y errores, tanto de una parte como de la otra.
Sé de sobra que el transporte es complejo y difícil de entender en su plenitud. Tanto para las empresas de transporte, pasando por los propios conductores, así como por profesionales de otras ramas como es el Derecho, y también para algunos peritos en tacógrafo; y que es necesario disponer de un experto en la materia (también en laboral) para sacar el máximo partido y seguridad jurídica a sus pretensiones, su día a día, profesión o puesto de trabajo.
Dada esta visión general de necesidad, el año pasado creamos, entre mi compañero y yo, un «Curso de Formación Laboral para Conductores», aplicable también a gestores de tráfico y empresas, donde se analizan, de una forma fácil y pormenorizada, todas y cada una de las vicisitudes que tiene el transporte y la legislación laboral aplicada a estos sectores (mercancías y viajeros). Porque no solo vale con saber el Reglamento (CE) 561/2006; las empresas van a tener que adaptarse a la legislación laboral si quieren mantener una plantilla estable y una cantera de reserva.
Los conductores cada vez están más informados; son cosas que tienen la tecnología y las redes sociales. Ya nadie quiere trabajar en el transporte y las empresas se ven obligadas a suplicar a los gobiernos de turno que les faciliten el camino para la contratación en países extracomunitarios o a convalidar carnés de Tuvalu.
Eso no va a quitar que cada día sean más los trabajadores que reclamen sus horas de trabajo, que interpongan denuncias en el Ministerio de Trabajo y Economía Social o que no quieran trabajar en el transporte. Las empresas que no se adapten irán desapareciendo, vendiéndose, entrando en concurso de acreedores y extinguiéndose. Y no me gustaría que se malinterpretaran mis palabras: no estoy de parte de nadie, estoy de parte de la normativa, la legislación y la verdad.
Para los letrados:
Tener un experto, no solo en tacógrafos sino también en laboral, es la mejor estrategia por la que se puede optar. No solo vale con presentar una demanda; hay que realizar más acciones que no se tienen en cuenta debido a que no son expertos en dicha materia. No dudo de su capacidad procesal, del conocimiento de la jurisprudencia o de las leyes y la rama del Derecho, pero en el transporte hay mucho recoveco que no se ve a simple vista. Uno no puede ser experto en todo y tiene que apoyarse en personas que conozcan de primera mano ciertos sectores «complicados».
Para las empresas:Los tiempos cambian, las mentalidades también. El transporte siempre va a estar ahí, lo necesitamos, os necesitamos; es cierto, hay ciertas cosas que la sociedad necesita y una de ellas es el transporte.
Pero, siempre desde mi punto de vista, las que triunfarán serán las que se adapten, respeten y cuiden a sus trabajadores y las leyes que los protegen. Dentro de poco ya no valdrá con ajustar gastos o mirar los céntimos del gasoil. Ya lo estáis notando: la falta de conductores, las reclamaciones de cantidades y las vulneraciones de derechos no son otra cosa que el reflejo del hartazgo de los trabajadores.
Cuidar la empresa no es solo ahorrar en combustible, en tiempo con el motor parado o en aplicaciones y telemetría; también es invertir en seguridad jurídica, realizar las actividades de manera legal y ajustada a Derecho, formar a sus gestores de tráfico y conductores para que tengan en cuenta algo más que el Reglamento del tacógrafo. Amoldarse a las nuevas tendencias y a los horarios estipulados para los trabajadores también es una inversión en muchos aspectos, no solo en lo económico, sino también en lo concerniente a RR. HH. y a una tranquilidad jurídica real.
Dormir tranquilo no tiene precio.
Para los trabajadores:
Veo un gran desconocimiento por esta parte. Ni las jornadas son de 8 horas y me paro, ni la semana es de 40 y me paro. ¡Señores! Ustedes trabajan en un sector regulado por jornadas especiales de trabajo y no tienen un trabajo normal.
El conocimiento de los convenios colectivos, la legislación laboral y las jornadas especiales de trabajo no es tan tedioso ni difícil de saber y/o entender. No hace falta realizar una carrera universitaria ni tampoco tener un alto coeficiente intelectual; solo hace falta interés y alguien formado que lo explique bien. Las reclamaciones no se ganan con ciertos informes de tacógrafo elaborados por ciertos compañeros que venden humo.
Cuidado con a quién contratáis: muchos no están dados de alta en la Seguridad Social, no tienen un seguro de responsabilidad civil ni tienen capacidad para calcular cantidades devengadas y no abonadas según convenio. Busca siempre un perito laboral y en tacógrafos respaldado por una firma y una actividad profesional.
En conclusión, un perito, como la propia palabra indica, es un experto en cierta materia. No solo vale para elaborar dictámenes periciales, sino que también es válido para asesorar, formar, estructurar y moldear tanto a empresas como a trabajadores, así como a profesionales que se vean envueltos en estos berenjenales. Un perito de verdad, además de firmar documentos, sabe qué, cómo y dónde actuar para corregir situaciones, acciones y mecanismos que otros no ven.
Podría alargarme mucho más, pero creo que todos hemos tenido suficiente por hoy y lo que necesitaba decir ha quedado bastante claro. 😉
¡Gracias por leerme hasta el final. Recibe un fuerte abrazo!.


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