En una hazaña histórica, el 24 de marzo, el CERN transportó antimateria por carretera por primera vez. La carga pesaba menos de 100 átomos de hidrógeno. La caja que la contenía pesaba 850 kg.
La antimateria es uno de los materiales más sensibles de la Tierra, ya que aniquila la materia al entrar en contacto con ella. Crear esta sustancia (o antimateria), y mucho menos transportarla con éxito, suena a ciencia ficción; sin embargo, el CERN ha logrado convertirlo en realidad.
Un camión especialmente diseñado transportó 92 antiprotones a lo largo de un circuito de 4 km en el campus del CERN, cerca de Ginebra, Suiza. El trayecto de 20 minutos marcó el primer transporte terrestre exitoso de antimateria jamás realizado y el debut del proyecto BASE-STEP, el incipiente servicio de entrega de antimateria del CERN.
Cómo funciona
En un dispositivo con forma de termo, del tamaño de un archivador, los antiprotones se confinan dentro de una «trampa de Penning» portátil mediante imanes superconductores, mantenida en un vacío ultraalto comparable al del espacio interestelar y enfriada con helio líquido a -269 °C.
Estas condiciones extremas impiden que la antimateria entre en contacto con la materia ordinaria, lo que provocaría su aniquilación instantánea en un destello de luz silencioso. No existe riesgo de explosión y, si algo saliera mal, las partículas simplemente desaparecerían.
Por qué es importante
La fábrica de antimateria del CERN es el único lugar en la Tierra donde se pueden producir y almacenar antiprotones. Sin embargo, la interferencia magnética de la instalación limita la precisión de los experimentos que allí se realizan. Al transportar la antimateria a laboratorios especializados y más silenciosos, los científicos pueden realizar mediciones mucho más precisas de las propiedades de los antiprotones, una investigación fundamental para comprender por qué el universo está compuesto de materia y no de antimateria.
El objetivo final es un viaje por carretera de 800 km hasta la Universidad Heinrich Heine de Düsseldorf. Para ello, el equipo planea instalar un generador a bordo que mantenga los imanes encendidos durante los trayectos más largos. También se están considerando otras colaboraciones con laboratorios asociados en la Universidad Leibniz de Hannover.
Este proyecto se sitúa en la vanguardia de la logística de carga sensible y de laboratorio, una versión extrema de la cadena de frío, donde la carga útil es invisible, el margen de error es absoluto y lograr que llegue intacta, sin que deje de existir antes de llegar a su destino, es el desafío definitivo, que ahora se ha demostrado posible.



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