El apagón eléctrico ocurrido hace un año en España no tuvo que ver con un exceso de generación de energía renovable y su baja inercia o con un fallo en la infraestructura de recarga de vehículos eléctricos, sino con una crisis de tensión, según la valoración de T&E a partir del análisis llevado a cabo por ENTSO-E.
El 28 de abril de 2025 la península ibérica sufrió el mayor apagón eléctrico de su historia reciente. A las 12:32:00 de aquel día, el sistema eléctrico experimentó una subida de tensión rápida e incontrolable. En los 84 segundos siguientes se acumularon más de 2,5 GW entre pérdidas de generación, un descenso brusco de potencia y un aumento neto de carga en distribución. A las 12:33:19, España y Portugal perdían sincronismo con el resto del sistema eléctrico europeo y quedaban a oscuras.
De manera coincidente con ENTSO-E, la CNMC en su reciente informe de recomendaciones y medidas propuestas, apunta a que el evento tuvo cómo origen una sobretensión de origen multifactorial, que contó con escaso margen de potencia reactiva en el sistema por falta de centrales síncronas y una desconexión en cascada de distintas fuentes de generación convencional.
El sistema no pudo gestionar a tiempo una subida peligrosa que, normalmente, se mantiene dentro de márgenes seguros mediante mecanismos de control de tensión que actúan en tiempo real. Al superarse estos límites, se produjeron desconexiones en cascada y, finalmente, el apagón, que se prolongaría en varias regiones hasta caída la noche.
Los generadores convencionales no cumplían con sus requisitos de reactiva de forma continuada, y varias de las plantas no estaban cumpliendo con las expectativas del operador del sistema. Por otro lado, los generadores renovables no pudieron cumplir ningún papel, dado que la normativa española vigente no se lo permitía. La CNMC entonces no había habilitado legalmente este tipo de operación, a pesar de la existencia de inversores dinámicos que ya pudieran realizar eficazmente dicho control de tensión.
Y, aunque la recuperación del sistema se produjo en cuestión de horas, el episodio provocó un debate público cargado de desconfianza hacia las energías renovables dando lugar a una interpretación que puede resultar engañosa.
Desde entonces, Red Eléctrica ha mantenido el sistema en “modo reforzado”, una operativa que, por restricciones técnicas, ha incrementado la utilización de ciclos combinados, reduce la entrada de renovables y eleva los costes de ajuste asociados a la resolución de dichas restricciones.
No obstante, tras la modificación del Procedimiento de Operación 7.4 de “Servicio complementario de control de tensión de la red de transporte”, los parques eólicos y las plantas solares ya pueden contribuir al control de tensión de forma dinámica. En la actualidad, las plantas renovables tienen también capacidad de ofrecer estos servicios auxiliares de estabilidad de red, al igual que una planta de generación eléctrica a partir de combustibles fósiles.
Los datos disponibles muestran que esta transición ya se está materializando. En febrero de 2026 74 instalaciones con una potencia agregada de 6,7 GW, habían superado las pruebas técnicas, y desde marzo más de 50 instalaciones renovables prestan ya este servicio de forma efectiva.
En resumen, del conjunto de informes se pueden desprender tres mensajes clave para la política energética a futuro:
.- La lección no es frenar el despliegue de la energía renovable, sino integrarla mejor en el sistema eléctrico e incrementar la demanda mediante la electrificación progresiva de usos finales como el transporte por carretera.
.- Se ha de avanzar en el objetivo europeo de interconexión (al menos 15 % en 2030) de manera prioritaria, superando el cuello de botella pirenaico.
.- En paralelo, es necesario desplegar más red, almacenamiento, flexibilidad (incluida la gestión inteligente de la demanda y la bidireccionalidad de los vehículos eléctricos) y mejorar las reglas de operación y supervisión del sistema.
Bosco Serrano Valverde, responsable de combustibles sostenibles en T&E España ha declarado: “Se ha comprobado que el apagón fue un evento de sobretensión multifactorial agravado por limitaciones en el control dinámico y en el cumplimiento operacional; las soluciones ahora pasan por mejorar la gobernanza y las reglas de operación, reforzar infraestructuras e interconexiones, y aprovechar la flexibilidad que ofrecen las renovables y los recursos distribuidos”.





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