
Acabas de perder un conductor y todavía no lo sabes:
Porque muchas veces sigue viniendo a trabajar, sigue haciendo rutas, sigue llegando puntual.
Sigue cumpliendo.
Aparentemente todo está bien, pero por dentro ya empezó a marcharse y curiosamente, muchas veces no empieza por el sueldo, empieza esperando una descarga, con un comentario que le sentó mal con un mal ambiente, con un enfado que nunca llegó a decir, con horarios que dejaron de encajar con su vida.
Con una sensación muy simple:
“Aquí da igual lo que diga.”
Y lo peor es que muchas veces nadie lo ve.
El jefe de tráfico está resolviendo urgencias, la empresa intentando sacar los camiones, los clientes apretando, todo el mundo está ocupado y mientras tanto el conductor sigue ahí.
Pero por dentro cada día está un poco más lejos.
Nos ha pasado hablar con conductores y descubrir problemas que la empresa ni imaginaba y muchas veces no eran grandes problemas. Era algo que llevaba tiempo guardándose.
Y ahí entendimos algo:
Muchos conductores no dejan las llaves encima de la mesa el día que se van. Las dejan primero en su cabeza.





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