Francia está importando cada vez más harina, aunque es el que cosecha más trigo

Francia es el país que más trigo cosecha en toda Europa y el segundo en producción de harina, pero está importando más cada año ¿Por qué?

Francia es el país que más trigo cosecha en toda Europa y el segundo en producción de harina, pero está importando más cada año ¿Por qué?

Francia, es el principal productor de trigo en Europa, con más de 30 millones de toneladas anuales y ocupa el segundo lugar en producción de harina en el viejo continente, pero ha visto aumentar sus importaciones en un 45% en dos años, según el informe anual de la Association nationale de la meunerie française (ANMF),

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Un aumento generado por un mayor número de compras por parte de grandes minoristas, lo que está provocando una bajada de los precios, afirmó François Loiseau.  presidente de esta asociación francesa de molineros, que agrupa tanto a harinera grandes, como medianas, pequeñas e incluso pequeños molineros que hacen pan de forma tradicional.

Durante e pasado año 2025, la producción francesa de harina se mantuvo prácticamente estable en «casi 4 millones de toneladas de harina procedentes de trigo 100% francés», lo que representa más del 11% de la producción europea, que solo es superada superada por Alemania, según los de dato de la ANMF.

Aunque estos resultados «confirman el papel estratégico de la industria molinera francesa en la soberanía alimentaria nacional y europea», la rentabilidad del sector es «muy baja» y el comercio refleja una «creciente presión competitiva», señalan desde esta asociación fundada en 1886, que representa a la gran mayoría de los molineros franceses.

Durante el pasado año, Francia exportó 204.000 toneladas de harina, pero importó 420.000: un déficit que se ha ido ampliando desde 2018, en beneficio en particular de Alemania y Bélgica, que suministran más del 80% de las importaciones francesas.

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«En Francia, tradicionalmente tenemos panaderos que utilizan harina 100% francesa, producida por cientos de molinos. Nadie tiene la calidad de pan que se encuentra en las panaderías francesas. Pero en los últimos años, lo que hemos observado es un aumento en la compra de harina más barata, principalmente de Alemania, pero también de Italia, Rumanía o Bulgaria, por parte de grandes minoristas para sus propias marcas blancas», declaró Jean-François Loiseau.

El año pasado, estas compras de harina en el extranjero alcanzaron el 11% del consumo nacional, según especifica el informe.

«Es un verdadero problema, porque al vender harina de marca blanca más barata, los distribuidores están haciendo bajar los precios», y esto está poniendo en dificultades a los productores franceses, ya que las grandes cadenas de supermercados son las principales compradoras de este tipo de harina y a la hora firmar sus contratos de compra se impone el precio muy por encima de la calidad de la harina.

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¿Qué importa más, el precio o la calidad?

Mientras todo esto sigue sucediendo y el consumidor final solo se centra el precio, la facturación de la industria harinera francesa alcanzó los 1.840 millones de euros el año pasado, pero ha caído casi un 17% en dos años.

Jean-François Loiseau, los molineros franceses, que trabajan en pequeñas fábricas de harina, a menudo empresas familiares, tienen muchas dificultades para competir con los grandes productores alemanes, cuyos «costes de producción y cargas sociales son más bajos».

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Además, la competencia internacional también se está intensificando con países como Turquía,  que es el principal exportador mundial de harina (entre 3 y 3,5 millones de toneladas al año), o Ucrania, que cuadruplicó sus exportaciones a Francia entre 2022 y 2025, según los datos de la ANMF.

A pesar de este contexto de incertidumbre, la industria harinera francesa afirma que «no pide ayuda», sino que solicita que se reduzcan sus costes de producción para recuperar la competitividad frente a un mercado internacionalizado, sin perder nunca la calidad de sus harinas.  «Esto incluye, en particular, el acceso a la electricidad, el fin de la inflación regulatoria y la simplificación de los procedimientos administrativos que dificultan la inversión y el crecimiento de las empresas», argumenta Jean-François Loiseau.

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